jueves, 10 de noviembre de 2016

Con sonrisa de droide...



"No hay mayor evidencia de nuestra humanidad, que la misma necesidad de animar lo inanimado, de crear y modificar lo ya existente a nuestra imagen y semejanza"

Afuera está nublado. Hace frío, o al menos eso creemos los laguneros. Veo gente ir y venir, niños jugando, una chica que sigue instrucciones de su maestro de educación física. Mientras tanto, aquella a la que llamo mamá, porque se me ocurrió, se para a mis espaldas mientras abre un mazapán, toma la mitad y deja la otra a un lado del teclado que escribe estas letras. Mamá se retira. No dice adiós, no dice nada, solo se va… para evitar distraerme. ¿Cómo sé que me quiere si no dijo nada? El mazapán me lo dijo. De vez en cuando, mi mamá se para frente a mí y me canta una canción que generalmente no conozco, pero siempre habla de amor. ¿Cómo sé que me quiere? Creo que es evidente.

Lo que para muchos no es evidente es lo que nos vuelve humanos. ¿Cómo lo sabemos? ¿Hay humanos inhumanos? La verdad sí, y aunque les cause gracia, yo no lo creía. Lo que nos resta humanidad es la indiferencia y el complejo del megalómano. Cada uno de nosotros lleva la humanidad en su interior. La devaluación y anulación del otro es también una devaluación de mi persona. Cuando me siento más que los demás, también me estoy devaluando a mí. Cuando alguien me es indiferente, también me vuelvo indiferente para mí. ¡No mames! ¡No puedo ser más grande que los demás si al mismo tiempo soy más grande que yo mismo!

Parecerá incongruente mi texto, lo sé, no soy tonto. Aún así, ya lo iniciaste y tendrás que terminarlo, ¡no le saques! Es intencional, un ejercicio de asociación libre premeditada, jaja. Había estado pensando en este tema desde hace unas semanas, dos o tres, no puedo ser exacto, no soy robot, aunque debería. No, es broma. El chiste es que aun “planeado” y con intención, le di permiso a mi inconsciente para que saliera a ver el cielo nublado, de cualquier modo las nubes no lo dejarán ver el sol, eso lo limitará un poquito. En fin… en qué estaba… ah sí, punto y aparte.

¿Cómo sé que alguien es humano? Remítase a la cita que puse antes del texto, no batalle. Es broma. Sabes que eres humano porque eres inteligente y estúpido al mismo tiempo. Sientes dolor, satisfacción, ira y alegría y aunque intentes anularlo, no puedes hacerte güei tú solo. Dices que no te puedes enamorar, en el fondo creo que tienes miedo, es normal, eres humano. A pesar de los avances en neuropsicología, cibernética, inteligencia artificial y todo lo demás, no se ha encontrado un algoritmo para que (como humano) no la cagues. Está cabrón. Por eso y más eres humano. Si puedes realmente anular y desprenderte de todo lo anterior, quizás encajes en alguno de esos diagnósticos arbitrarios que vienen en el DSM, preocúpate, ¡aguas!, podrías ser el próximo Hannibal Lecter (Sí se escribe así, ¿verdad?). En fin, punto y aparte.

Hace unos días estaba viendo Clone Wars (obviamente de la saga Star Wars, no sé como poner la “r” encerrada en un circulito, pero todos saben que tiene copyrigth). Resulta que si los droides separatistas me caían bien en los largometrajes, llámense episodios I, II y III, en la serie animada me caen mejor. ¡Tienen personalidad! La riegan, se preocupan, disfrutan, opinan, jajaja, son la onda. Lo mejor de todo es que hasta tienen tono de voz. En efecto, se comportan como humanos. Fuera de “hacerle la barba” a los creadores, no queda más que aceptar la premisa que puse en forma de cita antes de iniciar el texto y concluir que tenemos una necesidad de humanizar todo lo que hacemos y lo que nos rodea. 

A veces nos avergonzamos de ser humanos y cada vez es más la indiferencia que mostramos ante las circunstancias que de verdad requieren valor para afrontarlas. Prefiero alguien con miedo a alguien a quien no le importa nada. Me preocupa que algún día tenga que elegir entre un droide separatista en lugar de un “humano”. Por lo menos, aunque el droide no mueva la boca, sabré que se está riendo. 

Por cierto, aquí me mostré tal como soy, como diría Nietzsche: humano, demasiado humano. Adiós.



Psicólogo Alejandro Monreal
Grupo Miranda Psicología Especializada

viernes, 4 de noviembre de 2016

Que tu hija no se enamore de un vividor...



Las redes sociales se han encargado de crear, y sobre todo de inmortalizar, el estereotipo del vago, vividor y violento a través de el Kevin y el Brayan. Estos dos pueden ser cualquier sujeto y aunque son personas que comparten la misma naturaleza humana que tú y que yo, al menos, por el momento, no son la mejor opción para tu hija. Por todo lo anterior, aquí están los 4 tips para que tu hija no se enamore de un chico con tales características:

  • HAZLE SABER Y SENTIR A TU HIJA QUE VALE POR LO QUE ES. Lo que nos vuelve valiosos es la condición humana que compartimos. Tener pene o vagina solo es una diferencia sexual que no debería limitar de ninguna forma nuestras posibilidades como seres humanos plenos.

  • DEMUÉSTRALE QUE ESTÁS ORGULLOSO DE SUS LOGROS; PERO QUE NO SON UNA CONDICIÓN PARA QUE LA AMES. Enséñale a no confundir amor con admiración, pues el amor surge de la aceptación, mientras que la admiración queda a criterio de las expectativas irracionales del otro.

  • ENSÉÑALE A BUSCAR COMPAÑÍA PARA COMPARTIR EXPERIENCIAS, NO A DEPENDER DE ALGUIEN PARA LLENAR UN VACÍO. Aún a estas alturas, el amor se vive en función de vacíos por llenar. La creencia general es que vamos al amor como un cero, sin valor alguno por sí mismo. Si las personas comprendieran que con o sin el otro valemos, habría menos relaciones codependientes. La gente viene a sumar a nuestra vida, a enriquecerla; pero jamás a llenarla por completo.

  • ACTÚA COMO LA PERSONA DE LA QUE QUISIERAS QUE SE ENAMORARA TU HIJA. Ya sea que se enamore de un hombre o de otra mujer, la relación que lleves con tu hija, casi determinará el cómo se relacionará románticamente y el tipo de pareja que elegirá.

Con estos 4 tips no pretendo ofrecerte la panacea; sin embargo, serán de utilidad y le darán un rumbo distinto a las decisiones que tome tu hija en algún momento de su vida, y si las cosas llegaran a complicarse, recuerda que siempre hay un profesional de la salud mental dispuesto a acompañarte en la búsqueda de una solución. 

Psicólogo Alejandro Monreal
Grupo Miranda Psicología Especializada




martes, 25 de octubre de 2016

El lado oscuro del camino hacia los sueños


La vida es así, aunque uno haga planes se presenta un imprevisto, algo con lo que no se contaba. Y es justo ese momento en el que es necesario analizar, tomar un momento para reflexionar qué es lo que se busca y qué es lo que se está haciendo.
V Tener un sueño en la vida es encontrar la energía cada día para trabajar y acercarnos más a esa meta, es una ilusión que incluso puede llegar a darle sentido a cada instante de nuestra existencia, y hacer un plan es la manera más organizada para poder alcanzar ese sueño. Pero, ¿qué pasa cuando algo se sale del guión? ¿Cuando se hace todo lo que está en nuestras manos y la vida decide que no todo sale acorde el plan? Ese es el momento en el que se pone a prueba qué tanto se desea ese anhelo, qué sacrificios valen esa meta, o si es que ese sueño ya pasó a segundo plano y se encontraron nuevas y más emocionantes aspiraciones.

Puede ser muy difícil darse cuenta de que el plan trazado puede tener fallas, pero en este momento tenemos dos opciones, la primera es lamentarnos, quejarnos y preguntarnos por qué es más complicado de lo que esperábamos, y es esta postura la que nos puede llevar a conformarnos y decir frases como "esta es la vida que me ha tocado vivir". Y la segunda opción, es preguntarnos qué es lo que en verdad se desea, qué es lo que estoy haciendo para lograrlo y qué es lo que me hace falta cambiar; tratar de entender que ese momento "fuera del guión" es una lección de vida, agradecer por ella y tomar el coraje necesario para seguir adelante con el plan consciente de que más adelante puede haber un falla, que es preferible llamar "reto".

En mi opinión, éste es el lado oscuro del camino, el momento en donde el miedo nos puedo dominar e incluso hacer que dejemos de perseguir nuestros sueños. Pero, ¿a caso no se necesita de la oscuridad para poder disfrutar de la luz?


Fernanda Rivera Floriuk

lunes, 3 de octubre de 2016

Ayer leí que llorabas: carta a un amigo





“Resulté más culo que tú”, me dijiste, e inmediatamente mi garganta se hizo nudo, aunque debo confesar, que el simple hecho de leer que habías escrito la palabra “corazón”, me hizo recordar lo frágil que eres. No sé por qué, pero nunca me engañó tu disfraz de dureza, tu indumentaria de mecánico. El ver tus ojos es evidencia suficiente, pues te conozco de mucho tiempo atrás, crecimos juntos, nos criticamos, intercambiamos juegos, criticaste a mis novias, me criticaste a mí; pero siempre has estado ahí.

No sé si lo has notado, pero tenemos una extraña forma de comunicarnos: intercambiamos unas palabras y nos quedamos en silencio, con una cerveza en la mano, quizás; pero ahí estamos, ambos en silencio.

Había estado pensando en ti últimamente, te traía en la cabeza, qué será de tu vida, cómo estará tu hija… por qué no me ayudaste el fin de semana pasado. Agradecimientos y reproches, los primeros perduran, los segundos se me olvidan al siguiente día; finalmente, cada día decido que siempre serás mi amigo.

Ayer me dijiste que sientes que no le bastas a las personas que te rodean, que siempre das lo mejor de ti y de cierto modo te dicen que nunca es suficiente, no con palabras, pero sí con actos, con gestos, con actitudes. Es horrible, lo sé.

Es horrible tener que lidiar con un cliché, con el estereotipo de lo que debe ser un hombre. Nunca debe faltar nada, nunca debe decir que no, no puede enfermarse, tiene que ser chingón en la cama y saber todo sobre reparaciones y de plano, intentar comprender muchas veces a quien no le da explicaciones: mago, adivino, máquina sexual, cursi, detallista, genio, inteligente, fuerte, puntual guapo, un montón de chingaderas. Recuerdo bien un día en que te hice una pregunta sobre mi carro y me respondiste con ironía: “guapo y adivino, ta´cabrón”.

Estoy consciente de tus habilidades, de tu calidad como persona, de tu nobleza y del amor que sientes por quienes amas; pero a estas alturas, también se vale decir que no puedes solo, que necesitas ayuda, que lo grande que eres lo eres también por el apoyo que tienes y no porque levantes tú solo el peso de tu hogar, es imposible. 

Ayer, que supe que llorabas, me recordaste también lo frágil que soy yo, lo cansado que estoy de ponerme disfraces de lo que no puedo ser ni hacer solo. 

Ya me cansé de lo que digan los pendejos, sí pendejos que dicen que no tomo cerveza de hombre, que no fumo cigarros de hombre y que me quejo cuando me duele la espalda o me tiemblan las piernas, ya no me importa. Soy psicólogo, mi trabajo es intelectual; pero no por eso soy menos hombre. Eres tú, tan hombre, tan persona, estás vivo y también se vale tirar la toalla un rato, pedir ayuda. Con todo mi corazón y sin mamadas, te digo que se vale llorar.

Te quiero, amigo. 

Adrián Alejandro Rodríguez Monreal
Grupo Miranda Psicología Especializada

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Diablo en tierra de Santos



¿Y tu porque le vas al Toluca?, es una pregunta que he escuchado la mayoría de las veces cuando alguien se entera de mi afición por el equipo del Estado de México, debo decir que no los culpo, entiendo que se tome como algo inusual encontrar un diablo rojo por esta tierra que es de santos.

Mi afición hacia el club mexiquense nace en el año del 2000, yo con 7 años de edad desde la ciudad de Chihuahua miro como un equipo de Rojo gana una final 5 goles a 1 a un equipo de verde y blanco, a partir de ahí decido irle al Club Deportivo Toluca, lo que comenzó como una decisión basada solo en un partido particular al paso de los años se volvió en un sentimiento enorme por esos colores tan característicos de los Diablos Rojos.

A menudo mi afición hacia el Toluca me hizo sentir excluido, varias fueron las ocasiones donde solo fungí como espectador en pláticas referentes al Santos, ahí estaba yo observando como un partido de tenis de izquierda a derecha como alguien hablaba de Apud, del ruso Adomaitis etc. Mientras la plática transcurría yo solo pensaba en una manera silenciosa e indetectable de salir de esa platica donde no participa ni siquiera para asentir con la cabeza.



Recuerdo aquella final del 2010, si, esa donde esos caprichosos penaltis le arrebataron al Toro Vuoso la oportunidad de salir en hombros del estadio, penaltis que viví como niño, grite, maldije, llore cuando Matías se disponía a patear y claro, lloré cuando Talavera voló y con las uñas desvió aquel impacto de Fernando Arce. Después del partido salí de mi casa y claro, la ciudad estaba sola, literalmente solo yo salí a festejar aquel nuevo campeonato rojo, en el trayecto de regreso a casa imaginaba las calles de la ciudad de Toluca repletas de gente festejando, recuerdo bien mi sentir, era el no pertenecer a aquí. Después ese sentimiento se extinguió pues gracias a mi familia y amigos comprendí que el ser diferente, aunque en este caso solo se trate del equipo de futbol favorito, no debe de impedir el disfrutar lo que eres.

En muchas ocasiones nos sentiremos distintos al resto, sentiremos que no encajamos dentro de un grupo en particular y probablemente busquemos cambiar para poder encajar, pero, ¿Por qué no aceptarnos como lo que somos? Si realmente nos aceptamos nos resultara mucho más fácil digerir que no siempre vamos a coincidir con gente que tenga los mismos gustos que los nuestros. Reconocer lo que somos y aceptarnos como tal, nos ayudara a identificar las cualidades y defectos que cada uno de nosotros poseemos de una manera distinta que nos permita sentirnos cómodos siendo distintos a los demás.

Guillermo Badillo Pérez 
Grupo  Miranda Psicología Especializada


sábado, 17 de septiembre de 2016

¡Viva!

¡Viva!

Por: Juan Valdez

El 15 de septiembre pasado en el Ponciano Arriaga, un bar que le tira a cantina contemporánea, o sea con aires de “jipster”. Un lugar que combina distintas expresiones de la cultura popular mexicana. Desde la virgen de Guadalupe, pasando por la lucha libre hasta llegar a la mecedora de fierro, que está presente en casa de muchas  abuelas. Llevó a cabo su noche mexicana. Con cumbia y toda la cosa.

Se dice que una cumbia no se le niega a nadie, mucho menos si es de Tropicalísimo Apache. Es pecado ser de La Laguna, sin saber por lo menos 5 rolas del conjunto más sabroso de este lado del desierto. Oasis con güiro. Ritmo que marca la idiosincrasia del lagunero. Preocúpate si no pudiste citar las 5 canciones y al mismo tiempo marcarla, porque te hace falta barrio.

Los encargado de la música del fiestón fueron los “Sopa y mole”, banda que mezcla covers de éxitos cumbancheros laguneros con rolas de su propia autoría. Rodeados de mezcal, sotol, tequila y cumbia, mi hermano, amigos y amigas, dimos el grito: ¡Cu cu cumbia!

En la pista de baile improvisada cercada por las mesas en el bar, pude observar como chavos y chavas que a primera vista se les podría llamar de cualquier forma, excepto como bailadores de cumbia, gastaban suela y simulaban con sus manos hacer un “huevo en torta”. Éxito de los sopa y mole, por cierto. Demostrando que el ritmo tropical se lleva en la sangre.

Me pregunto: si el ritmo se  lleva en la sangre: ¿Por qué algunos la cara de lunes en la mañana los acompañó toda lo noche?  ¿Por qué nos negamos a bailar cantar o sentir? ¿Por qué nos cuesta tanto mostrar nuestro ser ante al mundo? ¿Por qué nos importa más la opinión de un desconocido que la opinión de nosotros? ¿Por qué dejamos de bailar una cumbia por andar de poser rockerillo? ¿Por qué nos olvidamos de lo divertido de la vida?

Y no faltara el pesimista disfrazado de realista que dirá que no hay nada que festejar, que la gasolina, que la casa blanca de la gaviota, que la tesis, que la selección, que los atletas olímpicos. Pero yo les digo, que la vida es una cadena de decisiones y poder ser feliz y autentico es una decisión.

De nuestra capacidad de decisión depende nuestra forma de ver el mundo. Nota: no significa que hay que ver la vida en color rosa o que nos pasemos de un festejo a otro, pero es un hecho que de nosotros depende alcanzar la calidad de vida que deseamos. También de nosotros depende buscar las herramientas para poder cambiar cosas que nos son nada agradables. Acudir con un profesional, es un muy buen primer paso. Porque el poder disfrutar la vida con cumbia o sin cumbia, está en nuestras manos.


Por lo pronto el jueves se celebró a México, a Coahuila, a Durango, a La Laguna. No celebramos al gobierno, ni la corrupción, ni el plagio de Peña. Nuestro grito al aire fue por nuestras raíces, nuestra historia, por nuestros ritmos. Así que: ¡Viva México! ¡Viva la cumbia!  

Foto por: José Luis García. Pagina de Facebook: 
José Luis García Photographer

martes, 13 de septiembre de 2016

El día que decidí invertir el tiempo en mí



Durante mis años de universidad, siempre tuve un trabajo de medio tiempo, que aunque me gustaba; terminaba por consumir gran parte de mi tarde que pude haber utilizado en cuestiones, como tareas, trabajos y prácticas, sin tener que ir corriendo y pensando en mi lista de actividades por hacer durante los cuatro años y medio que duraron mis estudios de licenciatura. Casi siempre, terminaba por dejar de disfrutar algunos momentos y siempre supe que se debía a la cantidad de actividades por cumplir. 

El día que me gradué, me hice la promesa de dedicar más tiempo para mí, de olvidar las prisas, de dejar de pensar en esa lista de pendientes interminables; sin embargo, hubo ocasiones, en las que el tiempo libre y sus implicaciones me hacían sentir culpable, y para matar la culpa, retomaba mi antiguo hábito y comenzaba a pasar lista de todos los pendientes, que aunque no debiera concretar en ese momento, tarde o temprano tendría que hacerlos. Fue a partir de lo anterior, que me di cuenta de mi verdadero problema: yo misma no me daba permiso de invertir el tiempo en mí. 

Cuando era niña, disfrutaba mucho bailar, así que recientemente decidí regresar a clases, con la intención de volver a hacer lo que me gusta; pero, contrario a mis expectativas, descubrí que, aunque era puntual y constante, no respetaba plenamente el tiempo destinado a la clase, pues mientras practicaba, me veía a mí misma dándole vueltas a asuntos sin relación con la clase de baile (esto aplica en distintas situaciones de mi vida). Pensaba que las actividades personales, mi tiempo libre, todo lo que me gustaba, era de menor importancia que lo que mantenía dando vueltas a mi cabeza. 

Al descubrir que no estaba disfrutando realmente lo que hacía o no respetaba el tiempo destinado para ello, comencé a realizar pequeños cambios, como respetar mis horarios, dedicar el tiempo de trabajo exclusivamente al trabajo, el tiempo para mi familia exclusivamente a mi familia, el de mis amigos a ellos, y el mío, aunque fue el que más trabajo me costó, ahora lo dedico a mí.

Este cambio me llevó a disfrutar más las cosas que hago: ir a pasear a mi perro, leer, ver una serie, colorear, el camino a casa, incluso el trabajo. Además de todo lo anterior, siento que ahora también, puedo realizar mis demás actividades con mayor calidad, pues estoy respetando el tiempo exclusivo para cada cosa. 

Realizar este cambio fue un proceso difícil, ya que implica otorgar prioridades, organizar horarios y actividades, así como la flexibilidad para entender que no siempre se pueden hacer las cosas como queremos, y ser conscientes de que hay situaciones fuera de nuestro alcance que en ocasiones nos llevarán a modificar la rutina, siempre y cuando se respeten los límites. Implica aceptar que no es malo tener tiempo libre, que hay que aprender a disfrutar el tiempo con uno mismo.

Psicóloga Krizia Rivera Floriuk
Grupo Miranda Psicología Especializada